miércoles, 14 de octubre de 2026

San Francisco

Hay algo increíble en la literalidad de Francisco. Multiplicar los panes es simplemente: hacer más. Amasar todos en la misma mesa, usar hornos más grandes, disponer cada hogaza en una tabla larga. Cuando va a presentarse ante Inocencio III, antes lo recibe otro cura que lo manda de nuevo a la mugre de donde vino. Francisco entiende eso como volver a la tierra: básicamente, revolcarse en barro. Vuelve al otro día todo enchastrado. 

En la puesta de Castellucci eso está bien hecho: el lobo es un lobo. 

Los revolucionarios son literales porque dan a las palabras el peso que realmente tienen. Es similar al problema de Orígenes, que se cortó la mano y las bolas siguiendo un precepto cristiano ("si mi mano quiere pecar, córtala").  El éxito extraño de Francisco es haber entrado a la iglesia; por lo general esos personajes tan extremos quedan del lado de afuera por no considerarse un ejemplo universal (algo kantiano avant la lettre por parte de los católicos). Adónde vamos a parar si todos tienen que cortarse las bolas ante el primer deseo lascivo. 

Un punto de contacto entre poesía y política. 

En la ópera, que casi todo el tiempo es estridente, la música se vuelve muy dulce cuando aparece el leproso. No deja de ser nerviosa, pero tiene algo afirmativo. 

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Los animales en escena cumplen con la literalidad de Francisco. La duración también contribuye al efecto litúrgico: no es sólo que mejora al final, sino también que uno ya entró en la música y acompaña el paso de la procesión de Francisco. 

Él mismo funciona como realización de un modelo imposible: él es el "otro Cristo", lo emula a la vez que reemplaza la primera idea de ópera: la pasión de Cristo. 

Aparentemente el asiento en la punta de la última fila corresponde a un cana (hay una placa), así que tengo sentado al lado en este momento a uno uniformado y con el fierro en la cintura. 

Una idea completamente democrática y alemana es la distribución de asientos: no hay demasiado caros ni demasiado baratos. No hay un paraíso para los pobres como en el Colón. 

San Francisco le pide a sus discípulos, cuando les entrega su testamento, que lo publiquen "a la lettera e senza glosa". A la letra, sin comentarios. La iglesia lo consideró impropio para ser seguido por los fieles, y dejó sólo las Reglas publicadas en vida.